Bogotá sin deporte.

Por: DieGO

Millonarios no consigue una estrella hace 24 años, Santa Fe no lo hace desde 1975. 

El tercer equipo bogotano es Seguros La Equidad, el más próximo al título desde entonces. Un equipo modelo, con una gestión de empresa ejemplar, la cual le ha llevado a sobrevivir a las dificultades de la capital, sin esperar nada de los gobiernos, ni depender de las taquillas casi nulas, los dos errores de los demás clubes.

Mientras a Bogotá llegan día a día desplazados de todo el país, de la ciudad se desplazan los deportistas por la falta de apoyo, algunos casos:

Mediocridad garantizada

Por: DieGO


Más partidos por una nueva vieja copa, torneos cortos y descensos de tres años, una paradoja que apuesta irremediablemente a la mediocridad del fútbol colombiano.

Desde hace ya diez años, para ser campeón del fútbol colombiano, solo hace falta mantener una regularidad por seis meses, que los directivos hagan el esfuerzo apenas un semestre, y tener una buena racha medio año. Una oda al cortoplacismo y a la inmediatez contagiada por todo el continente. Desde hace ya diez años América no gana un mundial.

Irónicamente, y a pesar del esfuerzo de trece equipos en la última asamblea de Dimayor, se necesita promediar seis de estos torneos para descender, un atentado contra la regularidad y un premio para aquellos equipos que hacen una buena campaña para subir el promedio y se desentienden un par de años si lo desean.

Eso es lo que hay

Por: DieGO

Desde la infancia, al colombiano se le enseña a, se le exige conformarse con lo poco que pueda tener, bajo el peligroso e impreciso pretexto de "ser agradecido".

El pobre se resigna a ser pobre y a vivir, sobrevivir con lo que bien posea.

Y con esa misma mentalidad pueblos enteros se acostumbran a vivir con violencia, con  corrupción, con negligencia institucional y tantos otros síntomas de la decadencia de un país.

"A donde llego digo que soy costarricense. La verdad, me da vergüenza decir que soy colombiano", expresa un piloto de una importante aerolínea cuyo nombre prefiere no sea publicado.

Y tiene sus argumentos: "Es muy triste ver cómo se roban medio país y que la gente siga su vida como si nada, normal. Y ahora con el Tratado de Libre Comercio (TLC) los gringos van a empezar a llevarse toda la comida, hoy no pasa nada, pero cuando empiece a escasear la y la gente comience a pasar hambre, la guerra va a ser por los alimentos y no va a haber nada que hacer".

Comienza la era Pékerman

Por: DieGO


José Pékerman (Foto: El Espectador)
Y llegó el debut de José Néstor Pékerman en el banquillo de la selección Colombia, enfrentando un rival que parece inevitable y en un territorio aparentemente inmodificable: México en los Estados Unidos.

Es un buen rival, siempre mundialista, con figuras, pero que puede aburrir por la repetidera. El juego ante los siempre aguerridos manitos, ha marcado el regreso del argentino como entrenador, tras dejar a Tigres, justamente de México, hace 33 meses, casi tres años.

Las dos grandes novedades en la convocatoria han sido el primer llamado de Bernardo Espinosa, hombre del Racing español, y el regreso de Aldo Leao Ramírez, quien cumple un buen papel precisamente en la liga mexicana.

De un técnico misterioso, reacio al diálogo con la prensa, sin dirigir en tanto tiempo como es este hombre nacido en Entre Ríos, nadie sabe qué esperar. Claro está, y esto no lo ha dicho nadie: Es preferible un técnico que sin decir nada nos lleve a Brasil 2014, y no algún hablantinoso que nos ponga a ver el mundial por televisión.

Pékerman ha sido varias veces campeón del mundo en categorías juveniles, es un gran formador y los trofeos lo avalan como tal, sin embargo no ha corrido con la misma suerte dirigiendo mayores, apenas una pálida actuación en Alemania 2006 con la favorita selección Argentina, alcanzan a preocupar a los más aferrados a los datos.

Durmiendo en un hospital

Por: DieGO

Febrero 9 de 2009

"Ya no salen más autobuses de aquí para Pamplona", dijo la dependiente de la compañía en la estación.

Tras despertar y desayunar en Berlín, había pasado por la también alemana ciudad de Dusseldorf donde un "Eis" recargó mi energía, y había almorzado en la italiana Bérgamo, donde el postre fue un Gelato. Ahora estaba en la estación de autobuses de Santander, pensando si hospedarme en la misma residencia que me había albergado tres noches atrás, cuando escuché de nuevo la voz de la mujer:

"Puede irse hasta Bilbao y allá es más probable que aún encuentre transporte a Navarra", era mi otra opción. Una ciudad más grande y una hora más cercana a casa, hacían más posible encontrar transporte, por vía terrestre o ferrea, así pues, aventurarme a lo desconocido, la quinta ciudad en un día, fue el factor determinante para mi decisión, emprendí rumbo a la capital vasca.

La maleta parecía más pesada con el paso de las horas, ya había cansancio cuando desperté en territorio bilbaíno. Las pantallas de la estación de autobuses marcaban las nueve de la noche y alternaban indicando los dos grados centígrados presentes en la ciudad.

Los letreros, mitad en español y mitad en vasco, me guían a la cabina de la única empresa que viaja a Pamplona, la veo vacía; noto una pequeña puerta a su lado abriéndose empujada por una mujer, el logo en su camisa me hace imaginar el calor en su cubículo, y me invita a preguntarle por el transporte a mi destino. El silencio incómodo y el ventarrón previo a su contestación, fueron presagio inequívoco de una respuesta que no hubiera deseado escuchar: "¿Pamplona? Mañana a las ocho de la mañana sale alguno. Esta noche ya nada"

TrashMilenio

Por: La Bobada Literaria

Fragmento del artículo "Las 10 doñajuanas del 2011".
  
"TrashMilenio tiene el innegable talento de tratar a sus usuarios como basura: en este mediocre de transporte los buses son insuficientes y el pasaje tiene el mismo precio de un tiquete de metro en Berlín. Tal vez sea por eso que sus usuarios lo tratan como basurero y nunca le hicieron caso a la advertencia de que no se podían atrangantar de chitos dentro de los articulados. A los males propios de este monopolio busetero se suman los de sus vías, que parece que hubieran estado a cargo de los Nule pero en realidad fueron responsabilidad de los Nule de hace diez años. Y los usuarios, claro, también ponen su granito de arena: se paran en las puertas de los buses a estorbar, no dejan cerrar las puertas de las estaciones para entrar más rápido (y después quejarse cuando se dañan), se sientan en el piso y ocupan más espacio cuando el bus va lleno mientras chatean, ponen reggaeton (o lo que sea) a todo volumen en sus StupidPhones, no le dan la silla a quien la necesita y se restriegan el uno contra el otro. Superar las leyes de la física apretujando a más personas que en un carrito de payasos es una tradición que hay que conservar porque hace parte de nuestra cultura, como celebrar la llegada del año nuevo echando tiros al aire o pegarle a la esposa (especialmente en Barranquilla). Estos exclusivos buses nos han demostrado que lo que tenemos en Bogotá son miedos de transporte."

*publicado en el blog La Bobada Literaria.

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