domingo, 24 de noviembre de 2013

Los nuevos negocios cancerígenos y sus efectos nocivos

Por: DieGO*
Poco a poco ha empezado a expandirse, como un virus, una de las formas más perjudiciales de difusión de 'negocios', que día a día mina una serie de profesiones tradicionales como el periodismo, la dirección comercial o la publicidad, deteriorando gravemente sus condiciones y multiplicando su riesgo de extinguirse.
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Como se puede evidenciar en la gráfica básica, profesiones como la dirección comercial y la comunicación externa, como eje de la difusión y venta de los productos comunicativos corren el riesgo de desaparecer ante el virus de la publicidad nociva, y su labor empieza a correr peligrosamente por cuenta de los periodistas y realizadores, quienes duplican sus trabajos: construyen el producto y deben venderlo, tanto a los medios de comunicación como al público.

La necesidad de comercialización de los contenidos comunicativos por parte de los realizadores, y no de expertos, condena a los medios de comunicación a la emisión de productos hechos por vendedores, con carácter comercial antes que comunicativo, privando al público de contenidos de mayor calidad, y a los periodistas, de laborar con condiciones laborales y de competencia justas.

El principio del fin de la publicidad

 
Es errado creer en la aparición de Internet como mal para los medios tradicionales, pues lejos de reducir la torta publicitaria  ha prestado un gran apoyo en su difusión y comercialización, sirviendo además como producto extra y plataforma multimedial en la carpeta de la prensa, la radio y la televisión.

Una causa viral y crítica de esta inversión del ciclo, son las emergentes empresas que hacen uso de la publicidad veneno, y la difusión de su modelo de transmisión ajeno a la inversión publicitaria, compañías que dicen a los vendedores tradicionales:
No me interesa pautar con un medio para ser leído/escuchado/visto por 10, 20 o 50 mil personas, cuando tengo 10, 20 o 50 mil incautos convenciendo gente de comprarme, sin pagarles prestaciones, y convirtiéndolos en clientes primarios en lugar de asignarles un salario.

Daños colaterales


Este modelo de explotación niega a los empleados ese estatus, al evitar cualquier garantía contractual, fomentando como único vínculo real un rol de distribuidor mayorista, tanto de información como de productos, ejercido generalmente por otros incautos de mayor 'rango', de acuerdo con su antigüedad, según las escalas internas de tal o cual compañía.

Para distinguir este nocivo modelo, la información de X empresa le llegará a través de un conocido que decidió entrar, y piensa que usted también tiene "el perfil para ganar dinero extra, manejando su tiempo, y sin abandonar su ocupación actual, si la tiene", y le ofrecerá, bien ejercer como distribuidor de X productos, o bien, robarle tiempo a más gente, vendiéndole la idea de la misma forma.

La publicidad tradicional ofrece a los clientes potenciales, la libertad de retirarse en cualquier momento de su exposición, cambiando de canal, de estación radial o de página, mientras las compañías veneno acaparan indiscriminada e irrespetuosamente el tiempo y el espacio del cliente, sin pago alguno por el espectro - ni por la gestión comercial - y sembrando difusas ilusiones con la compra del producto y la idea en cuestión.

Esta ruín y venenosa forma de negocio, vendida y comprada ya por muchos incautos en el país, bien puede estar dando algunos réditos a quienes han decidido sumergirse en ella, sin embargo, está causando daños irremediables a un gran número de profesiones, y su masificación indiscriminada es capaz de causar su exterminio, abriendo una herida terrible en el mercado laboral y el manejo de los recursos humanos en la economía actual.

*Comunicador Social y Periodista, Máster en Dirección de Recursos Humanos.

jueves, 14 de noviembre de 2013

No patrocinemos la mediocridad

Por: DieGO

 Hincha americano:

Bajo la consigna de "en la mala mucho más" y el amor incondicional, estás pagando el crecimiento de la categoría primera B y sus 17 equipos afiliados, y el hundimiento de América de Cali.

La presencia de los Diablos Rojos y su gigantesca hinchada en la segunda categoría del balompié colombiano ha llenado tribunas de estadios inéditos, las arcas de equipos antes desconocidos y de canales deportivos incipientes, a merced de las ilusiones de un público incondicional y la historia de un club grande.

El hincha que paga su boleta fuera de Cali, está pagando la taquilla del año para su rival, en cualquier plaza, y el desarrollo de la B, pues por donde pasa, hay crecimiento, hay movimiento de comercio, y cámaras, un cubrimiento internacional únicamente debido a la presencia de la gran marca: América.

Por ustedes, hinchas, y lo que mueven, a la Dimayor, a Win Sports (RCN), a Postobón y a los otros 17 equipos del Torneo de Ascenso les conviene que América sigua en la B, y harán lo posible por retenerlo ahí.

Por eso, hincha americano, no pagues por ver a tu equipo fuera de casa, y apagua el televisor, si vacías esas 17 canchas y los índices de sintonía, no lo abandonarás, por el contrario, evitarás un espectáculo mediocre y dejarás de patrocinarlo.

La historia y la hinchada se respetan.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Ciudad nueva

Por: DieGO

Mientras Bogotá se ahoga en sus problemas de sobrepoblación, el 90 por ciento del territorio colombiano se olvida en desuso o se convierte impunemente en territorio privado mal aprovechado.