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"Yo te llamo"

Por: DieGO

Alguna vez, siendo muy niño, acompañaba a mi abuelita Rosa a ver una novela típica mexicana refrita en nuestra "perubólica", la protagonista discutía con el galán de turno y lo reprochaba con el siguiente argumento que hasta el día de hoy me da vueltas en la cabeza: "ocultar es no decir la verdad, y no decir la verdad es mentir".

Así pasaron los años y la vida me enseñó que vivimos en una sociedad llena de engaños que van desde las altas esferas políticas hasta personas muy próximas, y que algunos llegan a ser descaradamente respaldados por un "hable con pruebas" y consecuentes riesgos vitales al tenerlas (especialmente en mi profesión), otros son más pequeños y menos trascendentales como las llamadas "mentiras piadosas", a su vez las más peligrosas y nocivas que pueden existir.

Las mentiras no disminuyen los daños, sólo los postergan, y los hacen crónicos, como las enfermedades que no se tratan a tiempo y degeneran en alguna mucho peor, en ocasiones irreversible. No son muy distintas entre sí. Sin embargo, hay quienes prefieren obstinarse a vivir así y evitar una inyección, porque es indiscutible: ¡las inyecciones son muy dolorosas!


Y como una inyección, "la verdad duele"... pero es mejor saberla, es mejor decirla, es como el pinchazo, a nadie le gusta porque causa un dolor temporal, pero este, al final, resulta siendo benéfico, resulta haciéndole bien tanto a quien la dice como a quien la recibe, pues al primero le libera y al último le aterriza, y le abre los ojos.

La verdad, implica honestidad, la honestidad es coherencia entre lo que se piensa, se siente, se dice y se hace. Ésta genera confianza, la base de la amistad y de cualquier otra relación interpersonal, genera tranquilidad... y la gente lo sabe. [Escuchar qué es la generosidad ].

Pero vivimos en una sociedad facilista, y como decir y asumir la verdad es más difícil que esquivarla planteando un mundo con efecto placebo, con mentiritas "para no hacer sentir mal a nadie"; es más sencillo hacer promesas retóricas para quedar bien y trasladar culpas a quienes no las tienen y es más simple decir cualquier cosa, por ejemplo "yo te aviso" y hacer otra. Todas esas son mentiras.

Hay tres motivaciones de las personas con las que no se puede jugar, sobre las que no se debe mentir, para las cuales no debe haber excusa alguna, que se deben respetar y proteger como la vida misma: el tiempo, las ilusiones y la confianza. Y todas las anteriores coinciden en ser invaluables, imprescindibles e irrecuperables.

Para Camilo García, profesor de ética y valores del colegio El Minuto de Dios, "Cuando uno es honesto, es feliz" [escuchar la entrevista original] y en esta entrevista concedida al programa radial La Tienda agrega algo interesante: "el que aprendió a ser honesto y el que se acostumbró a ser honesto, es honesto, y el que no siempre buscará una excusa para ser tramposo. 


Y de esas innumerables excusas escribiré en una próxima oportunidad...

1 comentarios:

donzaflow dijo...

Don Diego las personas hoy en día piensa que mentir es una forma de librarse de problemas y no saben que son aplazamiento de problemas y discordias entre nosotros mismos es mejor decir le verdad aunque se sufran temporalmente que una mentira que deja un dolor permanente!!!!!!!!!!!!!!!

Att: ANDRES FELIPE SAAVEDRA

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